REPORTAJE

Ir a Portada    Volver

 

El parapente a motor una afición singular en Lora

La sensación de volar libremente es una experiencia que aquellos que la experimentan, apenas si tienen palabras para poder describirla con exactitud.
En esta ocasión el reportaje correspondiente a este número de nuestro periódico el tema protagonista tiene que ver con esta sensación que suelen disfrutarla una serie de aficionados a la especialidad denominada “Parapente a Motor”, de aquí en Lora.
Observar nuestro término municipal desde el cielo, sentir la misma libertad de un pájaro y las continúas descargas de adrenalina, puestas al servicio de los amigos del riesgo.

 

 

Fernando Liñan

 

 

    Habitualmente, sobre todo cuando hace buen tiempo en cuanto a escasez de viento o lluvia, los habitantes de nuestro pueblo suelen observar “circulando” por nuestro cielo, a personas que vienen  practicando desde hace algún tiempo la modalidad denominada como “Parapente a motor”. Una especialidad,  considerada como deportiva, en la que el riesgo, la descarga de adrenalina y una sensación de total libertad suelen circular por las venas de aquellos que la practican con bastante asiduidad.

Grupo aficionado

    Actualmente en Lora no existe ningún tipo de entidad o asociación reconocida que esté integrada por aficionados que practiquen el deporte de  “Parapente a motor”. Sin embargo sí existe en nuestra población, un numeroso grupo de aficionados, compuesto por casi una decena de personas, que suelen hacer uso de su equipo y de vez en cuando sobrevolar nuestro término municipal.  

    El “Parapente a motor”, como su nombre bien indica, es considerado como una adaptación del parapente. La diferencia es que los parapentes para volar necesitan una velocidad de viento que debe superar los 20 kilómetros por hora, aunque también depende del tipo de vela, esta velocidad se consigue gracias al viento o al viento que se genera al correr por una pendiente. Sin embargo, en la modalidad del paramotor esa velocidad de viento se suele generar gracias al empuje que proporciona el motor que llevan a la espalda en el momento que se supera la velocidad necesaria la vela despega. Mientras que en el parapente requiere de cierta altura para poder volar, con el paramotor se puede despegar prácticamente desde cualquier lugar llano.

    Existen varios tipos de motores para el paramotor, yendo desde pequeños motores para personas de poco peso (55 kilogramos aproximadamente) a motores muy poderosos para realizar vuelos biplaza (piloto y acompañante, de unos 120 a 150 kilogramos aproximadamente). Los más usados hasta ahora son motores de 2 tiempos, pero ya empiezan a equiparse motores de 4 tiempos e incluso hay desarrollos hacia un paramotor eléctrico. La mayoría de los motores son de origen europeo y las marcas dedicadas a este deporte los instalan en chasis con variaciones en el tipo de hélice y el tipo de anclaje del arnés. También es posible adaptar motores de karting obteniéndose muy buenos resultados.

    El parapente utilizado puede ser el mismo que se utiliza para vuelo libre (sin motor) aunque cada vez las fábricas apuntan a velas especiales para el vuelo motorizado, con mayores refuerzos e incluso con características diferentes, como es el caso de los parapentes con perfiles 'Reflex'. Existen varios tipos de vela según las características y habilidades del piloto (más o menos fáciles, más o menos rápidas) y siempre se debe utilizar una talla de vela adecuada al peso del piloto y/o acompañante más todo el equipo.

    Francisco Javier Linares Torres, más conocido entre sus amistades como “Pinche”, es uno de los miembros de este grupo de aficionados en Lora que dedican parte de su tiempo libre a esta especialidad. Cuando a Francisco Javier se le pregunta lo que siente sobrevolando las calles de Lora, a éste lo primero que comentaba al respecto era que, «la verdad es que es pura adrenalina. Es muy bonito. Por ejemplo, si vuelas por encima de Lora y te digo que busques tu calle, te aseguro que no la encuentras, ya que la perspectiva desde arriba es totalmente diferente porque sólo se ven azoteas, patios y las calles. Cierto es que se trata de un deporte de riesgo, no obstante si se tienen presente las directrices oportunas para llevar el parapente a motor, pues ya no hay tanta peligrosidad y además se puede decir que es bastante bonito», esgrime este aficionado.

Lora

Amante del riesgo

    Acerca de cómo comenzaba su afición por esta actividad, Francisco Javier Linares afirmaba que «siempre he sido un amante de los deportes de riego, pero todo comenzó cuando tras ver a un amigo volar, me dijo que si me atrevía a probar, y le respondí que si me enseñaba no tendría ningún problema. Y así fue el inicio». Francisco Javier recuerda que la primera vez que voló, lo hizo en parapente sin motor, «mi amigo me dio una serie de indicaciones básicas, pero al ser sin motor tuve que lanzarme desde un cerro. A partir de ahí, me armé de valor, probé, y la verdad es que me encantó todo aquello». Tal fue la primera experiencia, que los cerros que servían de plataforma para el lanzamiento del parapente de Francisco Javier, cada vez iban siendo más elevados «hasta que ya comenzamos a ir hasta Algodonales, que es una sierra de Cádiz que posee cerros que alcanzan los 900 y los 1050 metros de altura. Podemos decir que Algodonales es el lugar donde está la sede central de todo esto». 

    A pesar de que la práctica del parapente era apasionante para Linares, el principal inconveniente no era otro  que el desplazamiento hasta Algodonales cada vez que decidiera volar, «por este motivo me interesé por el parapente con motor, ya que lo único necesario es buscarte una superficie llana cerca de tu casa y salir desde ahí con la fuerza del motor». Otro de los aspectos que queríamos conocer sobre Francisco Javier, es si el riesgo es algo que se lleva en la sangre y de qué manera se antepone al miedo, «que nadie crea que todo el que vuela no tiene miedo. Lo puede tener como un torero cuando se pone delante de un toro bravo, fundamentalmente porque ahí arriba dos más dos no tienen porque ser cuatro, ya que influyen muchos factores en cuanto a las temperaturas, rachas de viento, etc.».

Conocimiento o entrenamiento

    En cuanto al entrenamiento que requiere este tipo de especialidad, “Pinche” afirma que no es tan necesario, «más que entrenamiento, lo que se necesita son los conocimientos oportunos para saber controlar lo que llevas en las manos. Y es que ni que decir tiene que un error pone tu vida en peligro». Referente a lo necesario en cuanto a tiempo, material e indumentaria apropiada para volar, este aficionado indica, «si veo que las condiciones climatológicas son buenas, en apenas diez minutos ya estoy volando. Mira para estar completo con todo lo necesario, se necesita la vela y el motor, que es lo que te empuja para poder despegar, digamos, y un paracaídas de emergencia. En cuanto a ropa, pues en verano suelo volar con camiseta y pantalón corto, aunque lo que se recomienda es hacerlo con un traje apropiado y guantes, ante la posibilidad de que se pueda tener un mal aterrizaje te puedas proteger. En invierno, sí solemos llevar ropa de abrigo, como son chalecos de lycra o traje de snowboard para la nieve, que por cierto pesa bastante poco y abriga mucho». Una de las premisas que suele tener clara Francisco Javier Linares es sobre la altura que se ha de alcanzar, «no se debe volar demasiado alto, nosotros aquí solemos alcanzar entre los 400 y 600 metros. No obstante, otra de las particularidades es que mientras más alto asciendas más seguro se está en el aire, ya que en caso de percance tienes unos metros  para poder corregir la situación en la que te encuentres, así como para soltar el paracaídas de emergencia».

Aficionados en Lora

    Para Linares Torres la afición por los Parapentes a motor en Lora es escasa. Una circunstancia en la que suelen afectar posibles percances o “sustos” que algunos aficionados han experimentado al volar, «la verdad es que cuando se pasa un mal rato ahí arriba, uno se pone a pensar. Particularmente he tenido dos accidentes, y fue por volar con una vela en mal estado y sin motor, lo que también se llama “vuelo libre», comenta Francisco quién a continuación nos detalla el precio que puede costar un equipo completo de "Parapente con motor", «una vela puede costar unos 2.400 euros, el paracaídas de emergencias entre los 400 y 500 euros, y el motor algo más de 4.000 euros. En total unos 7.000 euros aproximadamente»

    Finalmente, Francisco Javier Linares Torres quiso hacer un llamamiento a aquellos aficionados de nuestra localidad que estén interesados o que quieran conocer esta especialidad. Para ello este aficionado daba a conocer la dirección de una página web (www.parapentesbiplazas.com) al objeto de «animar a todos aquellos que no saben si dar el paso, y lo que me gustaría que se acercaran para informase de todo lo que tiene que ver con el "Parapente a motor"».