UNA GOTA DE TINTA2.0
Imaginemos por un momento que el dinero de las pensiones que todo trabajador tiene derecho a disfrutar, tras toda una vida de cotización, dependieran del buen hacer o del capricho del Gobierno de turno; es tan injusto, que las fuerzas políticas y los agentes sociales tuvieron a bien sentarse para solemnizar un modelo único, conocido para la historia como el Pacto de Toledo. Si existe un consenso básico en la Seguridad Social (a pesar de que en el horizonte planea ya su reforma), no se entiende por qué en la educación los políticos siguen esforzándose por hacer visibles sus discrepancias, de modo que no hay Gobierno que asuma el cargo sin invalidar lo que hizo su predecesor.
Este mes de mayo, Zapatero compareció por quinta vez en el Debate del estado de la Nación y, desde la tribuna del Congreso, prometió un ordenador portátil para los alumnos de quinto de primaria como medida estrella de lo que su Gobierno está intentando vender como Educación 2.0. Por ahora no deja de ser un eslogan más: avanzar hacia la escuela del futuro desde la digitalización, gracias a la irrupción de las nuevas tecnologías. Pero la educación en España no necesita una nueva reforma, necesita un modelo válido al menos para una generación. Esto va más allá de las medidas y proyectos que, con buen tino, abogan por una mayor pedagogía tecnológica: desde las pizarras electrónicas a la extensión de la red Guadalinfo, un proyecto andaluz valioso que acaba de abrir su primer centro en Lora.
No hay mejor forma de garantizar las pensiones, ni de incidir en el mercado de trabajo, ni existe reforma estructural más completa, tampoco se puede incrementar el Producto Interior Bruto de un país, ni siquiera extender los pilares del Estado del bienestar si todo esto no se sustenta en un sistema educativo potente. Si no es la mayor prioridad del Estado es porque seguimos a expensas de una política cortoplacista.
Luís M Carrasco Navarro
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