Blas Infante, "la universalidad de un andaluz"
De Blas Infante podemos decir que fue un andaluz humano por excelencia, que escondido bajo su piel siempre llevó un ideal para los demás, el ideal de ser “hombres de luz que a los hombres, almas de hombres les dimos”. En este reportaje reproducimos una síntesis de una reciente conferencia ofrecida en homenaje de su nieta Mª Jesús Naranjo Infante.
María Jesús Naranjo Infante
"Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano. Creo que, por el nacimiento, la naturaleza señala a los soldados de la Vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la Causa del espíritu en Andalucía porque en ella nací. Si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta Causa con igual fervor." (AEE 1-2)
Los demás ante qué sí mismo
Fue un buscador incansable, tanto en el plano personal como en el colectivo. El servicio a los demás antepuestos a su propia familia es un rasgo característico en él desde su más tierna infancia. Siempre cuestionándose, haciéndose miles de preguntas y buscando respuestas que le condujeran al enriquecimiento de los demás en sus planos personales y colectivos. Cuentan que cuando llegaba a algún pueblo, como Isla Cristina, Cantillana o Coria del Río, las primeras visitas eran para el párroco, el cura. Su discurso siempre era el mismo, su ofrecimiento como persona y notario para en lo que hubiere ser necesario y colaboración, toda, pues como feligrés practicante poco podía servirle.
Quizás recordaba sus travesuras con el cura de su pueblo, cuando pequeño: El cura de mi pueblo me tenía manía. No apreciaba mi forma de entender la Semana Santa. Mis amigos y yo nos vestíamos apropiadamente y realizábamos procesiones, rosarios y novenas por las calles. Las beatas del pueblo acudían en masa y el cura fue a hablar con mi madre para que me prohibiera realizar los actos procesionales. ¡Con lo bien que nos lo pasábamos yendo calle arriba hacia la Iglesia, en el Castillo! (Versionado por María Jesús Naranjo Infante, año 2003 para una conferencia en el CEIP Reyes de España).
La profundidad de la falta de identidad, tanto de pueblo como de clase, la tragedia de los niños sin pan, los adolescentes sin escuela, los campesinos sin trabajo, las mujeres olvidadas... configuran el firme irregular de la Andalucía de su niñez. Allá en Casares, su pueblo natal, ve pasar el hambre por las calles y siente el pesar de la pobreza. Le resulta una experiencia indecible y le sella de tal manera, que le acompañará toda su vida como una sombra. Y en Los Escolapios de Archidona donde hace sus estudios superiores, el bachillerato: “Aquel inquieto y monótono centro desde cuyo observatorio veía yo gente ir a buscar trabajo”... y... “La Puerta de Guiropa”, un portón por el que los Escolapios repartían un guisote hecho de las sobras... y... al que acudían algunos padres de sus propios compañeros de banca y mesa, esos compañeros cuyo atuendo les distinguían de los niños de clase acomodada. Esto le hiere el corazón. Procura mantener amistad con ellos. Ser leal con su compromiso.
Su concepto de lucha por los ideales, de activismo por los demás, de cooperación y unidad van a estar presente desde su juventud, cuando ya en las vacaciones de sus estudios se impone la obligación de ir por los campos de su pueblo "para instruir campesinos", según sus propias palabras. En su etapa madura, en la obra "Los Fundamentos de Andalucía" osará decir: "Siempre hubo un anhelo de aprender y otro de enseñar; aprendiendo y enseñando, en cuya coincidencia efusiva está el alma de la escuela". (F, 248). Pero indudablemente, donde pone de manifiesto su más intimo desprendimiento, es en la afirmación que, consciente del riesgo que conlleva, dirige en una Conferencia en el Centro Andaluz de Sevilla, en 1917, a sus colaboradores: "Si en la lucha que hemos emprendido nos sorprende la muerte, tendremos la íntima satisfacción de haber cumplido con nuestro deber".
Persona muy disciplinada y organizada. Todo es anotado con precisión. Queda constancia de cómo dividía su tiempo cuando preparaba el viaje a Agmat: 10 a 11, Estudio Religión y Filosofía; 11 a 13, Estudio Peregrinación; 13 a 14, Preparación revistas; 14 a 15 Estudio de idioma; 17 a 19, Notaría; 19 a 20, Ensayo música; 20 a 21 Clase de música; 12 a 2, Escritos personales. Y sin embargo:
Tengo que confesar, que fijada la fecha de la boda con tiempo, en mis anhelos de ser útil en los casos perdidos, a la fecha y hora en que debía casarme, estaba en el Juzgado de Sevilla pleiteando. Perdí el último enlace ferroviario hasta Peñaflor, pueblo de mi novia y un amigo hubo de llevarme en auto. Llegamos de madrugada y nuestra boda hubo de celebrarse a las dos de la madrugada, en casa de mi novia. Nuestra unión la bendijo una reproducción de “La Inmaculada” de Murillo. (Versionado por María Jesús Naranjo Infante, año 2003 para una conferencia en el CEIP Reyes de España de Lora del Río)
La construcción de su casa en Coria del Río, es un buen ejemplo de su compromiso por los demás. Iba diariamente a las obras y, en realidad, él fue el “arquitecto, aparejador y constructor” de ella. Proponía cómo había de realizarse y cuando pasaban los días lo propuesto no marchaba como él había dicho. Los albañiles le decían, no se preocupe D. Blas lo cambiamos. Su mujer, Angustias, le llamaba la atención sobre ello, diciéndole que le estaban engañando y él respondía, que un día más de obra, era un día más de pan a sus hijos. Claro que la obra se acabó teniendo que hipotecar la casa.
O cuando ejercía como abogado en causas a favor de los jornaleros y albañiles en detrimento de los señoritos, caciques; o cuando en Cantillana, con su trato sencillo y llano era capaz de pasarse hasta muy avanzada la madrugada en charlas amistosas con personas consideradas de inferior categoría social hablando de la historia de Andalucía, de la etapa esplendorosa de Córdoba, del problema de la tierra… en verdad, fue consecuente con sus ideas de la igualdad social. Enrique Tierno Galván en su prólogo al “Ideal Andaluz”, en la página 21 comenta: “Estaba tan identificado con el pueblo andaluz que había llegado a sentirse fuera de los condicionantes de la clase a la que pertenecía. Es esta una cualidad que no noto en ninguno de los autonomistas o nacionalistas catalanes, vascos o gallegos de la misma época”
Durante la II República le fue ofrecido el Ministerio de Agricultura. Su hermano Ignacio, Magistrado en Madrid, le insiste para que acepte, a lo que él contesta: Lo siento. Y dile a mamá que puedo aceptar todo lo que no me deshonre (del libro “Blas Infante , toda su verdad” de Enrique Iniesta). El General Francisco Pogo, en 1923, le escribe instándole a colaborar con la Dictadura, a lo que por escrito Infante explicita su negativa “…acerca de si yo aceptaría algún puesto… No, no y no. Ni a la fuerza… (ADZ, 13) (pág 185 del libro “Blas Infante, toda su verdad” de Enrique Iniesta).
Amigo de sus amigos
Ya desde su niñez dio muestras de ser una persona amigable.
Tenía muchos amigos y jugábamos en la calle. Era costumbre en mi pueblo, que las mujeres sacasen el puchero a la calle para que el humo no entrara en las habitaciones. Nosotros esperábamos escondidos y cuando la olla empezaba a hervir, introducíamos pólvora, produciendo explosiones escandalosas, parecidas a los fuegos artificiales. Las mujeres salían horrorizadas, chillando y nosotros corriendo calle abajo, o arriba, según, riéndonos. (Versionado por María Jesús Naranjo Infante, año 2003 para una conferencia en el CEIP Reyes de España de Lora del Río).
En Sevilla, miembro del Ateneo, acude a las tertulias. Infante era un agradable y despierto muchacho, erudito y respetuoso, que frecuenta las bibliotecas. Se codea con los catedráticos, intelectuales, aristócratas, pintores… Escribe como un buen lector, basándose en diversas fuentes; razona sus posturas y no tiene miedo de dar con sus palabras en la diana: el problema de la tierra. Su libro “El Ideal Andaluz” provoca un buen revuelo en las tertulias. Señores preocupados porque Andalucía emprendiera un nuevo rumbo, se adhieren al ideal. Alejandro Guichot, Antonio Ariza, Javier Lasso de la Vega, Castejón, Rafael Ochoa… Pronto dejarán el Ateneo como base en pos de la creación de los Centros Andaluces.
La amistad con el escultor Coullaut Valera, escultor de Marchena y con los hermanos Álvarez Quintero, de Utrera, en su etapa de Madrid, cuyo objetivo era entre otros el lanzamiento de la lengua andaluza (de hecho la obra de ellos está escrita en ortografía andaluza). Juntos enarbolaron La Casa de Andalucía en la capital, donde hasta los recibos de los socios llevaban el escudo en la esquina izquierda y la bandera ondeaba en el balcón.
Nunca ve al pueblo vecino como competidor o enemigo, sino, muy al contrario, como aliados en la causa andalucista y en su ideal de humanidad. El lema Andalucía por sí, para España y la Humanidad lo resume muy a las claras. Blas Infante era un gran hombre incapaz de insultar a cualquier español por el hecho de no ser andaluz.
Infante, en un periodo de obligada calma en la acción pública donde medita a través de sus Cartas Andalucistas, visitaría en el penal de El Puerto de Santa María a Companys y los consejeros de la Generalitat, presos durante los sucesos de octubre de 1934. Se conocen dos cartas manuscritas dirigidas en esta época tratando el tema de la cuna del estado moderno entre ellos. Con Joaquín Casas mantiene bastante relación, amigo de largas cartas, donde ambos abren sus ideas sobre el jornalero.
En 1919 comienza su relación con el doctor de Guadalcanal Pedro Vallina, activista, anarquista, líder de la CNT, que defiende al jornalero, porque las injusticias de las que son víctimas las hace suya. Hombre desprendido, osa abrir un sanatorio antituberculoso para las gentes del campo en Cantillana que fue destrozado por la República. Se trataron bastante en esta época. Posteriormente, Vallina será uno de los que con toda nobleza apoye la candidatura de Infante a las Constituyentes de 1931.
Resaltar la amistad con Alejandro García Pinto, su futuro suegro, que era íntimo y compañero de algunas alegrías solteras de Infante. Cuando toda la familia Parias se oponía al enlace, él es el único que lo ve con buenos ojos y su mujer, agacha la cabeza y asume. Esta amistad comprometida verá su cúlmen cuando sea Alejandro el que vaya a suplicar a Pedro Parías para que en lugar de a Infante, sea él el seleccionado para morir. Incluso, él será el que esté al lado de su hija tras la muerte de Infante.
Entre sus escritos se encuentra un discurso titulado “Fiesta de la libertad de los pájaros”, fechado en Isla Cristina el 9 de diciembre de 1923 en el que llega a afirmar… “Si no quiere esta generación dar su último adiós a nuestra Gran Madre Andalucía, dejad a los pajaritos voltejar por espacios azules en torno a la diosa renaciente cada primavera”. Cuenta Luisa Infante que su padre visitaba los mercadillos sevillanos de la Alfafa, compraba jaulones enteros de pajarillos y les abría las cancelas.
En la “Memoria del curso 1915 a 1916” del Ateneo de Sevilla (174) queda recogido la participación de Infante en las fiesta de Cantillana, que comienzan con un “Himno al árbol”, cantado por los niños de la escuela, lecturas de poesías al árbol, a la paz, plantaciones de arbustos por los niños de la escuela… Rosario Heredia, en el Diario de Andalucía, (3 de noviembre de 1998) comenta: “El interés de Blas Infante por la cultura crearía “el Día del libro”, además de fundar una biblioteca en la escuela del pueblo… también contribuyó a crear en Cantillana la “fiesta del árbol”, que consistía en la plantación masiva de árboles que aún perduran en los márgenes del río Guadalquivir…”
Tan preocupado estaba por la repoblación forestal de Andalucía, que en la sesión del 19 de mayo de 1918 de la Asamblea General del Centro Andaluz de Sevilla, insté a alzar una protesta enérgica contra la destrucción sistemática de bosques de alcornocales en Huelva, enviando una instancia al Ministro de Fomento solicitando la regulación de la tala de árboles. Siempre fui consciente que la plantación de árboles en las calles, paseos y caminos públicos con el paso del tiempo puede llegar a conseguir un cambio beneficioso en la regulación de las lluvias. (Versionado por María Jesús Naranjo Infante, año 2009 para una conferencia en Peñaflor)
En Dar Al Farha, la casa de la alegría, su casa en Coria del Río, la cerca de un jardín botánico, con las formas, los colores, las sombras, los frutos de Andalucía. Fabricó en sí un paisaje, con árboles de Granada, naranjos de Tocina… almendros, olivos, membrillos, moreras, manzanos, nísperos, perales, palmeras, limoneros, azofaifos. teniendo por alambrada en la linde chumberas.
Y para finalizar esta trayectoria de un personaje singular, baste decir que fue un hombre comprometido en la lucha por sus ideales, sueños de antaño, y sobre todo comprometido con sus congéneres. Infante no fue ni el primer ni el último defensor de Andalucía, pero tuvo el valor de desafiar al destino y formular con su vida y su obra las bases doctrinales abiertas y contenidas en su ideal andaluz. Puede definirse como un hombre humilde, sencillo e humano.